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martes, 19 de julio de 2016

DAR LA CARA POR LA ROMÁNTICA

Mi primera novela, "La hija del cónsul", ganó el Premio Talismán en 2008 y fue publicada en mayo de ese mismo año. Entonces se podían contar con los dedos de las manos las autoras españolas del género que comenzaban a publicar sus obras con editoriales. Entre los comentarios más habituales en aquellos tiempos en los foros, estaban la dificultad para acceder a las editoriales, y después, cuando las primeras autoras abrieron la puerta a la edición, la exigencia de algunos sellos de la utilización de seudónimos extranjeros.


Han pasado pocos años, pero sin embargo todo ha cambiado en cuanto a la edición de autoras de género romántico en español, que hoy nadie puede negar que no solo tienen la puerta abierta en todas las editoriales, sino que incluso son buscadas personalmente por los editores del género.
Superado este primer, y enorme, obstáculo, se sigue hablando del segundo, los seudónimos, algo de lo que se ha debatido mucho y muy largo, en foros, redes y eventos literarios a lo largo y lo ancho de todo el país. Y de esto es de lo que quiero hablar en esta entrada.
Personalmente, nunca me lo he planteado. Siempre soñé con publicar un libro, y una de las mayores ilusiones para un autor es ver su nombre en la cubierta de su obra. No me puedo imaginar ver ningún otro nombre escrito al lado del título de mi novela, ni tener que explicarle a los lectores por qué no firmo con mi nombre lo que escribo.
De las opiniones que les he oído a las compañeras que sí lo hacen, destacaría las que se sienten tan identificadas con su seudónimo que para ellas es como su nombre propio (nada que objetar), las que no les gusta su nombre y aprovechan para cambiárselo (de acuerdo), las que creen que no es comercial (es difícil saber si algo es comercial o no), o, y esta es la parte más triste de todas, las que no quieren ser identificadas con su labor de escritora romántica, y prefieren separarla de su vida privada.
En cuanto a que las editoriales lo exigen, bien, por experiencia propia y después de publicar con seis editoriales diferentes, tengo que decir a mí nunca me han propuesto cambiarme el nombre para publicar. Y si me lo propusieran, y fuera condición inexcusable para esa editorial, probablemente me buscaría otra, aunque, también por experiencia propia, debo decir que siempre he encontrado a mis editores abiertos a debatir y consensuar temas como correcciones o portadas, así que supongo que también llegaríamos a un acuerdo en cuanto a seudónimos. 
Y en cuanto a las autoras que no quieren que se las reconozca por sus obras, y con plena conciencia de que me estoy metiendo en camisa de once varas y esto puede crear polémica, os pediría, compañeras, que deis la cara por la romántica. 
Que no se puede defender un género, cuando os ocultáis detrás de un seudónimo.
Que no puedes ir a un evento romántico y decirle a compañeras y lectoras, que aspiras a escribir otro tipo de literatura, y que entonces sí usarás tu nombre, y te preocupa que si te identifican con tus novelas románticas, pueda ser un lastre para esas otras ediciones.
Que si vosotras mismas, con esos comentarios y actitudes, estáis demostrando prejuicios para el género, ¿cómo esperáis llegar a superarlos algún día?
No me estoy poniendo de ejemplo, somos muchas las que firmamos con nombre y apellido, nuestras fotos y biografías están en las redes al alcance de cualquiera, y os digo una cosa, nadie se ríe de nosotras por la calle y a mí nadie, nunca, me ha dicho a la cara que por qué no escribo otra cosa, o cómo se me ocurre dedicarme al género romántico. Y si me lo dijeran, tengo sobrados argumentos para defender mi obra y el género al que me dedico. 
Es cuestión de actitud, de creer en lo que haces y estar segura de su valor. Y esa actitud se contagia, podéis creerme, pero tendríamos que transmitirla todos los que estamos en este mundillo, y no cambiar de traje según nos convenga, por miedo al que dirán, o peor, por vergüenza. 
Porque si te avergüenza lo que escribes, quizá deberías plantearte dedicarte a otra cosa.
Al resto, ya sabéis, seguir haciéndolo así de bien, cabeza bien alta, trabajo duro, y seguir adelante peleando porque nuestro género se reconozca algún día como lo que es, ni mejor ni peor que el resto de los géneros literarios, con novelas, también al igual que en el resto, buenas, malas o regulares, e incluso, sí, decidlo bien alto, obras maestras que pueden hacer las delicias de cualquier lector libre de prejuicios.



martes, 5 de julio de 2016

V Congreso Literatura Romántica La Coruña. Mis reflexiones.


Este fin de semana, 1 y 2 de julio en concreto, se ha celebrado el V Congreso de Literatura Romántica de La Coruña, que cada año desde hace seis, organiza y dirige con la profesionalidad que la caracteriza, Trinidad Palacios. Como habréis leído ya muchos comentarios y visto un millón de fotos en las redes, yo me voy a centrar en dos reflexiones que me deja en concreto este Congreso de 2016.
En cuanto a las palabras de Trinidad Palacios en la presentación del evento, que tan aplaudidas fueron, y que se podrían resumir en esta frase “el género romántico no necesita que lo dignifiquen porque no es indigno”, solo quisiera aclarar el error de concepto de los que tanto defienden, en otros eventos, foros y corrillos, el tema de la “dignificación”. (Puedes ver el vídeo de la apertura, y otros vídeos del Congreso, a través de Periscope en la cuenta de Nínive L. Ble, aquí:

El concepto, decía, es erróneo, porque hablan de “dignificar” cuando quieren decir “poner en valor”. Antes que nada, quiero aclarar este otro término. Esta es la definición de la Fundeu:
La expresión poner en valor, que el Diccionario del español actual, de Seco, Andrés y Ramos, define como ‘hacer que algo o alguien sea más apreciado, resaltando sus cualidades’, es una construcción adecuada en español, que sigue una pauta de formación similar a otras expresiones asentadas como poner en claro, poner en peligro y poner en cuestión.
Así, frente a verbos como valorar o valorizar, posibles alternativas a poner en valor, esta expresión añade un matiz de reivindicación a lo que se valora.”

Y eso, gentes de la romántica, lectoras, escritoras, editoriales, etc., es lo que tenemos que hacer entre todas, apreciar el género en lo que vale, y resaltar sus buenas cualidades, trabajando, los escritores, para ofrecer grandes historias a los lectores; cuidando las ediciones, por parte de las editoriales; y desterrando los prejuicios, los lectores.
Reivindiquemos así un género que nos da, a todos, tantas horas de buenas lecturas, entretenimiento y conocimiento. Y que nadie nos convenza de que es obra menor dentro de la literatura, y por ello solo digna de menosprecio.

Y una segunda reflexión sobre el Congreso, referida en este caso a las edades de las participantes. Este año hemos contado con la lectora más joven, creo, que ha asistido a un evento, a pocos días de cumplir trece años; y en la otra banda situaríamos a las lectoras sénior, alguna ya con nietos, y el mismo entusiasmo por la buena lectura y los encuentros literarios.
En general la vida en sociedad tiende a separarnos por edades, hay espacios de diversión para jóvenes, para maduros y para mayores, hay parques para niños y para abuelos, actividades físicas o culturales dirigidas a edades concretas, etc. Sin embargo aquí, al calor de la buena literatura, te puedes encontrar en un grupo donde alguien te lleva diez o veinte años, y a tu vez le llevas diez o veinte años a otra lectora, y las barreras de la edad se difuminan y se olvidan por completo.
El mismo libro que acabas de leer y te ha encantado, lo han leído lectoras de todas las generaciones, con similar entusiasmo, y eso te une y te acerca, y te lleva a compartir un espacio en el que no hay separaciones, ni de edad, ni de procedencia, ni de cultura, ni de sexo, aunque sean pocos los hombres que acudan a estos eventos.
Os animo, a los que nunca hayáis acudido a un evento así, a probarlo y comprobar en primera persona lo divertido y enriquecedor que resulta.

Y desde aquí, sin permiso ni conocimiento de Trinidad Palacios, organizadora del Congreso, me atrevo a invitaros ya al próximo, que será, como siempre, el primer fin de semana de julio en la preciosa ciudad de La Coruña. Los que vivimos en Galicia, sabemos mejor que nadie la dificultad de llegar hasta aquí, no hay buenos medios de transporte público y estamos en la esquina más alejada de la Península, precisamente por eso os digo que lo apuntéis cuanto antes en vuestras agendas, para poder organizar el viaje con calma. Como os dirá cualquiera que haya venido alguna vez al Congreso, el esfuerzo vale mucho la pena y se verá bien recompensado.
Nos vemos en julio de 2017.


viernes, 10 de junio de 2016

FALSAS ILUSIONES. PRIMERA Y LIMITADA EDICIÓN EN PAPEL.




¿A que es bonito?

Si quieres uno, escríbeme a mi correo: 

teresacameselle@gmail.com





lunes, 30 de mayo de 2016

MI DECÁLOGO DE ESCRITORA



DIEZ RAZONES PARA ESCRIBIR

1.- Escribo porque me gusta, porque me satisface y me llena de alegría cada página que termino.

2.- Escribo para mí, primero que nada, soy la primera lectora, y bastante exigente.

3.- Escribo para contarme esas historias que nadie me cuenta, y como soy escritora de brújula, espero impaciente la llegada del final.

4.- Escribo menos de lo que quisiera, por falta de tiempo, pero creo más en la calidad que en la cantidad.

5.- Escribo histórica porque me gusta viajar en el tiempo, y de momento, no he encontrado una máquina para hacerlo (ni las puertas del Ministerio).

6.- Escribo histórica porque me obliga a documentarme, y disfruto y aprendo cada día, gracias a mi obsesión por saberlo absolutamente todo de la época en la que transcurren mis historias.

7.- Escribo sin el afán de hacerme rica con las ventas, y eso me da libertad.

8.- Escribo para lectores, no para fans, algo que nunca he fomentado ni me parece necesario.

9.- Escribo sobre lo que me gusta, lo que me inquieta, lo que me preocupa, lo que me sorprende, lo que me fascina.

10.- Escribo y seguiré escribiendo, porque soy escritora. Todo lo demás, publicar, ser famosa, hacerse rica, triunfar... Todo es secundario, irrelevante. Si viene, bienvenido sea, sino, aquí seguiré, al pie del cañón, disfrutándolo como el primer día.

viernes, 20 de mayo de 2016

DE FERIAS DEL LIBRO POR GALICIA



Abril y mayo han sido, o están siendo aún, meses intensos de letras y encuentros. De la Feria del Libro de Pontevedra, pasando por la de Ferrol, hasta desembocar en la de Porriño, que se estrenaba por primera vez en el circuito de las ferias gallegas. Además de otros eventos más personales, a estas tres citas me he apuntado con los ojos cerrados. Un mensaje de Trinidad Palacios, la más profesional y competente de las organizadoras/presentadoras de citas culturales, y siempre la misma respuesta: ya sabes que contigo, me apunto hasta a un bombardeo. Si encima me sienta a la mesa con queridas compañeras como Silvia Barbeito, Mariajo Losada o Mimmi Kass, no es un trabajo ni una responsabilidad es una fiesta asegurada.
Me había comprometido con Mimmi a hablar de la de Porriño, la última, este pasado sábado 14 de mayo de 2016, casi víspera del gran Día das Letras Galegas, que se celebró el 17 de mayo, como cada año. Allá nos fuimos, a la capital de las canteras gallegas de granito, para hablar esta vez del erotismo en la literatura romántica. Que no es lo mismo que hablar de literatura erótica, que esta vez no era el tema, aunque estando Mimmi Kass en la mesa, al final siempre hay que referirse a su especialidad.
El erotismo en la literatura romántica. Dentro de mi intervención, hablaba yo del lector que se acerca por primera vez a nuestro género, y descubre con sorpresa las escenas de sexo, más o menos explícito, que contienen casi la totalidad de los libros que se publican. No es algo nuevo, que nadie se confunda con este lío de la erótica de los últimos años. Las bases del género romántico se sentaron a primeros de los 80 por las autoras americanas de la época, y desde entonces incluyen alguna escena de sexo entre los protagonistas principales. Por un motivo obvio, porque estamos contado historias de amor, y el amor y el sexo están indudable e íntimamente unidos.
Nos hablaba Mimmi Kass de sus lecturas, más del género erótico puro que del romántico, con cierto convencimiento de que en la romántica el sexo era tratado de un modo demasiado clásico o estandarizado. A esto, Trinidad Palacios y yo, que somos grandes lectoras de los clásicos, pero también de las nuevas autoras que van surgiendo, tuvimos que mostrar nuestro desacuerdo. El género es tan prolífico, son tantas las autoras, y tantas las publicaciones, que la meta de cada una está en contar una historia algo diferente a las demás, lo que resulta por momentos no una misión imposible, pero sí bastante dificultosa, y eso lo puedo garantizar desde el punto de vista de la autora. Desde mi perspectiva de lectora, me congratulo de ello, porque la competencia nos garantiza variedad y calidad.
(Nota.- Si no eres lector/a de literatura romántica, o si has probado y no te ha convencido, quizá porque no has acertado con la autora o con el título de tu gusto, dale otra oportunidad. Déjate aconsejar por quien haya leído mucho, y te garantizo que encontrarás novelas que te sorprenderán.)
Leyó Trinidad Palacios un pasaje de una novela deliciosa, “Abandonada a tus caricias”, en donde el protagonista se limita a quitarle un guante, ¡en público!, a la protagonista, en una escena más sensual que muchas otras que he leído con largas descripciones de genitales y elaboradas prácticas sexuales. El erotismo puede estar en una palabra escogida, en un gesto, en una caricia no necesariamente en las zonas erógenas más conocidas. Eso es lo que aprecio yo en un buen libro, lo otro, me parecen descripciones de escenas vistas en películas de dudosa calidad.
También hablamos del juego que puede dar, por ejemplo, todo lo relacionado con la gastronomía, si la autora tiene la maestría de las tres que cité como ejemplo: Lydia Leyte en su “El fuego envuelve tu nombre”, Pilar Cabero en “Entre lo dulce y lo amargo”, y Yolanda Quiralte en “Cotton bride”.
Y muchas cosas más que se nos quedaron en el tintero, por lo que tuvimos que extender la charla en el café más cercano, y después hubo cena, y…
Creo que ya he confesado en las redes que toda esta gira de charlas es una excusa para reunirnos y disfrutar de la buena compañía. Cuando te juntas con gente tan maravillosa, culta, y entusiasta de la literatura, es como si te dieran una gran inyección de vitaminas, que te alimenta la mente y el alma por muchos días.

Os recomiendo que no le perdáis la pista a Mimmi Kass, tiene un blog fabuloso lleno de relatos muy sensuales (AQUÍ), y muy pronto podremos leer por fin su primera novela “Radiografía del deseo”. Es una nueva autora que viene pisando fuerte, se ha fogueado con los relatos del blog, un gran aprendizaje por el que deberían de pasar todos los escritores antes de lanzarse a la novela, es trabajadora y exigente consigo misma, y contagia su entusiasmo por esta carrera que comienza, y en la que le auguro mucho éxito. Autoras como ella son las que necesita el género para seguir dando alegrías y satisfacciones a los lectores.
Y si quieres vernos, y oírnos, a todas las que he citado aquí, ya sabes que tienes una cita en el Congreso de Literatura Romántica de Coruña, el 1 y 2 de julio (TODA LA INFORMACIÓN AQUÍ).