LITERATURA ROMÁNTICA Y EL MANSPLAINING



La escena es un clásico: los personajes protagonistas se encuentran por casualidad en el primer capítulo. Puede ser en la barra de un bar, en un aeropuerto, en una boda... Se gustan, coquetean, charlan, poco a poco los vas conociendo y se van sentando las bases de lo que va a ser la novela. Un planteamiento de toda la vida que sigue funcionando.
Lo que tendría que ocurrir, lo que ocurre en las buenas novelas, es que quien está leyendo se enamore de ambos protagonistas. Para que esa atracción instantánea sea creíble, los personajes tienen que ser geniales, los diálogos chispeantes, la comunicación no oral fluida y sensual.
Lo que no puede -no debe- ocurrir es que el protagonista masculino le haga un mansplaining a la femenina en toda regla en el capítulo uno. (Sí, esto lo acabo de sufrir en un extracto de novela kindle, que me ha dejado sin ganas de seguir leyendo.)

Copio de la Fundeu:



Volvamos a la escena clásica. 
Ella está sentada en la cafetería de un aeropuerto internacional y su mirada se cruza con la de él, que al momento la invita a una copa. Los dos son guapos, jóvenes, están disponibles y se dicen cosas bonitas, o se lanzan pullas divertidas, desde el minuto uno. Entonces ella le pregunta a qué se dedica, y él le cuenta, por ejemplo, que viaja con Médicos sin Fronteras para operar niños en algún país deprimido. Y a partir de ahí él le narra sus experiencias anteriores, le habla de lo mucho que valoras tu vida después de ver lo poco que tienen algunos; le detalla con pelos y señales la operación a aquella niña preciosa a la que le salvó la vida; se pone poético describiendo los largos atardeceres en alguna llanura ecuatorial. También aprovecha para explicarle que, debido a su vida de viajes y compromiso con la medicina, sus relaciones no funcionan; todas sus parejas acaban abandonándolo porque, pobrecito él, no le comprenden ni apoyan lo suficiente.
Esto, queridas escritoras de romántica, es un mansplaining terrible del que deberíamos huir como de la peste.

¿Por qué hay autoras escribiendo escenas como esta? Muy sencillo, porque así las hemos leído miles de veces, las hemos visto en el cine, las vemos en la vida real. Los hombres nos explican cosas, a todas horas y en cualquier lugar, sin pararse a preguntar si conoces el tema o si quieres escuchar esa explicación en concreto, y nosotras lo hemos interiorizado, al punto de repetirlo, creernos que es bonito, aceptable y hasta romántico.
No lo es. Huyamos de esa escena. Es más, os propongo un ejercicio bastante complicado, probad a contar cuántas palabras de diálogo le dais a vuestra protagonista femenina y cuántas al masculino. 

Echadle un vistazo a esta estadística sobre los diálogos en el cine, el porcentaje de tiempo de mujeres y hombres hablando, en películas ganadoras del Óscar incluso. Terrible, ¿no? 



Al igual que en la anterior entrada: Literatura romántica y el test de Bechdel, sobre esto también deberíamos reflexionar y tratar de evitarlo. 


En la romántica, la protagonista femenina siempre ha llevado el peso principal de la historia, y es el único género en el que ocurre esto. Así que démosle toda la importancia que se merece, y no dejemos que un hombre, sobre todo aquel del que se enamorará a lo largo de la historia, le explique cosas con condescendencia mientras ella adopta la pose (también estereotipada*) de la rubia bobita a la que le cuesta entender cómo funciona el mundo y necesita de un hombre para saber cómo peinarse, cómo vestirse, o cómo comportarse en público.
¿Y tú qué opinas?




*Sobre las protagonistas de ficción estereotipadas ya hablamos otro día.




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