Relato: La musa en el diván


Ya estoy de vuelta, y con relato del viernes, para que no se me queje el gaditano impaciente (ya ves que sigo sumándote adjetivos, un vicio que me cuesta corregir).
Un saludo especial para mis compañeros de taller literario. Desde hace unos días tenemos un nuevo lugar especial de encuentro, el blog de El Desván, donde están nuestros relatos, noticias y premios; todo gracias a nuestro profesor, consejero y buen amigo, Ramón Alcaraz.
En el lateral, en mi lista de blogs, está el enlace directo, lo pongo aquí también por si acaso:

Y ahora el relato:

LA MUSA EN EL DIVÁN

Aún en el duro momento de la despedida, Elsa seguía siendo la musa, fría, lánguida, siempre impecable. Nadie sabría decir si sufría o respiraba aliviada por el fin de aquella historia.
–Voy a llamar a un taxi –anunció, asomándose al estudio, Víctor no apartó la vista de la paleta en la que estaba mezclando colores–. Me llevo lo imprescindible, el resto lo dejo empaquetado; enviaré a recogerlo.
No hubo contestación. Elsa dio unos pasos dentro del estudio y observó un momento en silencio cómo Víctor deslizaba el pincel teñido de azul sobre el lienzo que estaba pintando, el mismo que ella había llegado a odiar en los últimos meses. Inquieta, paseó la vista por la estancia. En el suelo, sobre los muebles, algunos colgados de la pared, todos los cuadros que estaban a la vista eran retratos suyos con las sutiles variaciones que se habían producido en su aspecto en los cinco años que llevaba con Víctor. Primero había sido solo una modelo más, luego su amiga, su musa, su amante. Ahora su relación se hacía pedazos y él seguía pintándola en aquel último cuadro, seductoramente recostada sobre el diván azul, con la misma obsesión que había sido el detonante de la partida de Elsa. Ni siquiera parecía dispuesto a decirle un triste adiós.
–Creo que el café me ha sentado mal –dijo de repente, llevándose una mano al estómago–. Nunca has sabido hacer buen café –sonrió con ojos tristes–, pero el de hoy estaba especialmente amargo.
Se sentó en el diván que servía de modelo al cuadro y se recostó, llevándose una mano a la frente. Antes de cerrar los ojos captó la mirada furtiva de Víctor. No importaba. Era típico de él aprovechar cualquier momento en que estaba quieta para tomar apuntes para sus cuadros.
–No he sido una modelo muy paciente –reconoció en voz alta–. En el fondo deberías de alegrarte de librarte de mí.
El dolor se acentuaba por momentos al mismo tiempo que la invadía una dulce somnolencia, sus párpados se cerraban obstinados y las palabras ya no querían salir de su boca.
Víctor continuó pintando durante algo más de una hora. El diván estaba terminado, sobre él se recostaba la imagen inacabada de Elsa. Etérea a la vez que sensual, su piel desnuda perlada de un brillo nacarado, su gesto relajado suavizando sus marcadas facciones.
Dejó la paleta y el pincel sobre la mesa, luego caminó hacia el diván y le tocó el cuello buscando el pulso que preveía inexistente. Lentamente, casi con ternura, la desnudó y la colocó en la postura exacta del cuadro, observándola con gesto profesional.
–Ahora sí te vas a estar quieta –murmuró con voz ronca–. Y callada. No más protestas. Por fin podré acabar mi maldita obra maestra.
FIN

Comentarios

Felisa Moreno ha dicho que…
La obsesión por la perfección lleva al crimen. Muy buena idea, me ha encantadao el relato. Sutil y escalofriante.
Un abrazo.
Paco ha dicho que…
Guau,

Buen relato y malvado final.

Teresa un placer leer tu relato del Viernes.

Buen fin de semana
Teresa, te has lucido, tu relato es "suave" y el final tan dulce como el veneno. Todo es etereo como la modelo,

Felicidades,

Se me ha venido a la mente una peli: la joven de la perla.

Saludos
M.P. Casado ha dicho que…
Nada, una buena dosis de somnífero en el café para que la chica se estuviera quieta. ¡Pero qué poca sensibilidad la del artista! ¿En qué tiempo situas la escena?
Gracias por regalarnos uno cada viernes.
XoseAntón ha dicho que…
¡Ay!, paisaniña, éste lo escribiste con pluma. Suave, tan suave, que ni el final parece salirse de esa caricia. Sorpende, eso sí, pero silenciosamente. Ni siquiera supera el ruido que hace la pluma al rozar con el papel. Muy bueno.

Bikiños
El Desván de la Memoria ha dicho que…
Muy bien, Teresa.
Un saludo,
Ramón
Assumpta ha dicho que…
Buenísimo!!

Me gusta presumir de que ya lo conocía :-) y es muy significativo como recuerdo todos tus relatos porque eso indica que no fueron leídos y olvidados si no que se quedaron en mi memoria...

Una vez más, mi enhorabuena :-))

Besos!!!
Anónimo ha dicho que…
Un relato de lectura agradable y con un clásico final sorpresivo y lúgubre.

No obstante, una preparación tan exquisita no se merece el comentario final tan evidente del asesino-pintor. Para mi gusto, creo que le habría venido mejor algo más sutil.

Fernando.

P.D. Mientras no me llames Divino Impaciente :-) No soy impaciente, sino exigente; debes trabajar más, al menos dos relatos a la semana :-)
Teresa Cameselle ha dicho que…
Gracias a todos, me alegro de que os haya gustado, parece que hay consenso general sobre la suavidad del relato, me pareció una forma interesante de describir un crimen tan frío.
Gracias Ramón, este no pasó por tu criba, pero por tu comentario entiendo que estoy aprobada.
Assumpta, buena memoria, jaja, y buenos "certámenes" aquellos que organizábamos, ¿verdad?
Fernando, ya tengo otro adjetivo para ti. Insaciable.
Assumpta ha dicho que…
Buena memoria para aquello que me gusta jeje... y buenos certámenes :-))... Buenos recuerdos también!! :-))
Besazos!!!
Carmen Andújar ha dicho que…
Felicidades, merecidísimo tu premio. Me alegro mucho por ti. Tú también llevas una carrera fulgurante.
Enhorabuena otra vez
Un beso
Mimí ha dicho que…
Felicidades!!
May ha dicho que…
¡Genial, Pilasr, me ha encantado!

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