(MARTES OPINIÓN) ENAMORADA DE LA ROMÁNTICA


La primera gran novela de romántica que leí, y tuve mucha suerte de aquella causalidad, fue "Cenizas al viento" de Kathleen Woodiwiss, hace muchos, muchos años.

Algo así te marca como lectora para toda la vida.

Porque no solo me enamoré de la historia, del estilo de la grandísima Woodiwiss, de sus escenarios y sus intrigas... Me enamoré de sus personajes. Ese es el gran truco de magia de la literatura romántica, que te provocan una empatía y una inmersión total en la historia de amor.

En los últimos años, las modas literarias centran gran parte del interés de la novela en el carismático y atractivo protagonista masculino, esos personajes que te describen con todo lujo de detalles y con una personalidad y un físico que es imposible no sentirse atraída por ellos.

Eso no sucedía con las novelas clásicas. Por supuesto que te enamorabas del protagonista masculino, pero...
Cuando leí "Cenizas al viento"...
Yo me enamoré...
De Alaina McGaren.

Como después me enamoré de Erienne Fleming, de Shanna, de Aislinn... 
Las protagonistas de Kathleen Woodiwiss son personajes con los que desearías sentirte identificada, y a las que no puedes ni envidiar ni odiar por lograr que el protagonista masculino se enamore de ellas... Porque se lo merecen, porque es lógico que las ame, porque son su pareja ideal.

Me cuesta muchísimo más empatizar (enamorarme) cuando me presentan a una protagonista que no me gusta, la típica torpe, o acomplejada, o sosa hasta el aburrimiento, y ya ni nombremos a la protagonista choni recién salida de MYHYV. Y más cuando el hombre que se va a enamorar de ella sigue siendo un dios llegado del Olimpo. En esas lecturas la incredulidad me distrae y hace que deje de interesarme.

Y no estoy hablando de protagonistas perfectas. Cualquiera que haya leído Shanna sabe que es soberbia, orgullosa y mal criada, pero evoluciona y madura a lo largo de la historia, con un arco de personaje que ya quisieran muchas novelas de los últimos años.

Leo reseñas en las que se comenta que la protagonista de alguna novela es "una petarda", una tonta, una aburrida, y muchas otras descalificaciones por el estilo. Mientras tanto, ellos siguen siendo perfectos, cautivadores, inteligentes y con el cuerpo de un atleta griego. Esas son las novelas que no quiero leer.

No quiero ser la competencia de la protagonista de una novela romántica. Quiero SENTIRME la protagonista de esa novela. Y para eso necesito empatizar con ella, admirarla, enamorarme de su personalidad tanto como de sus encantos.

Eso es lo que hizo que me enamorara de la literatura romántica hace muchos, muchos años. Y si no me lo ofrecen las autoras actuales, siempre me quedan deliciosas relecturas de mis clásicos.



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