Cuentos del Desván. Hoy Mercedes Martín Alfaya.


Pues sí, hoy le toca a Merce, la de las mil ideas y mil proyectos por minuto, la que a falta de un blog tiene dos -ahí en el lateral están las direcciones-, la que lo mismo te organiza un sábado literario que te da una lección sobre arte y, sobre todo, la de la sonrisa perenne como se puede ver aquí a la izquierda.
Como ella es tan apañadita, me ha enviado biografía, foto y relato, para ahorrarme trabajo. Pero como también ha pecado de modesta, voy a ser yo, antes que nada, la que enumere sus muchos y variados premios literarios:
3º Premio Benalmádena de Relatos 2005.
Seleccionado Certamen Acuman 2005.
Finalista Certamen Civilia 2005.
Finalista Certamen Pompas de Papel 2005.
Finalista Certamen Civilia 2006.
Ganadora Certamen Cartas de Dulcinea 2006.
Ganadora Certamen Canal-Literatura 2007.
Finalista Certamen Hispano-Aleman 2008.
Finalista Certamen "Microrrelatos 1808" 2008.
Finalista Certamen Terror el niño del cuadro 2008.
Finalista Certamen Alcobendas 2008.
2º Premio Onda Polígono 2008.
Mención Especial Cuentos Ilustrados para la Igualdad 2008.
2º Premio Certamen Emilia Pardo Bazán 2008.
Todos estos magníficos relatos de Mercedes los podéis disfrutar en el blog del Desván : desvaneros.blogspot.com.

Y ahora sí, pequeña biografía y relato:
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Nací en Córdoba, aunque vivo en Benalmádena (Málaga). Soy inquieta, responsable y funcionaria (trabajo en un museo). Me gusta la gente positiva, las cenas con velitas, escribir y andar descalza; también los magos y las piruletas. Aprendo de los demás y comparto mis hallazgos. El tiempo me enseñó que las piedras rompen los bolsillos y las sonrisas los ensanchan; que leer es vivir dos veces y que la felicidad no está donde se busca, sino donde se encuentra. No creo en la casualidad y me he comprado una mochila para guardar tesoros.
Admiro a Oscar Wilde, García Márquez, Delibes, Cortázar y Bécquer. Nunca pierdo de vista el horizonte. Tengo un Dios, un blog y un amigo.

EL CABALLITO DE MAR. Mercedes Martín Alfaya.

Agarró las zapatillas y bajó a la arena. Salto a salto, llegó a la orilla. ¡Qué friiiiia! Extendió la toalla y colocó la mochila encima. Con suerte, hoy encontraría un caballito de mar; su hermano Javi decía que en aquella parte de la playa había visto alguno. Las conchas son tan vulgares… Qué día más bueno. Un rato al sol y otro al agua. ¡Guaaaaaaaau! Dabute. Con el cuerpo cubierto de gotitas brillantes, el bañador pegado a las piernas y el flequillo escurrido en la frente, se tumbó boca abajo. Oh, oh, nena, me gusta tu melena, palmoteó con los brazos extendidos marcando el ritmo con los pies.
Ya estudiaré luego. Qué se creen esos payasos. Víctor no habría preparado una fiesta así sin asegurarse de que su chica será la mejor. Claro que, aquí, uno también cuenta con sus recursos. A ver, repasemos el 'ganado'. Se incorpora y se dedica a mirar a las bañistas: ¿Esa...? No, no, qué va, está más escurrida que una chapa… Aquí viene otra; venga, guapa, acércate... ¡Mierda!, no sirve, tiene el culo caído... ¡Ostias! ¿Y aquella...? ¡Vaya tetas! A ver si sale del agua... ¡Joder! Qué nariz de loro… La chica pasa a su lado y le sonríe. ¡Válgame, qué callo! —¡Anda, hija!, con esas piernas de cangrejo ni para el caldo la abuchea. Y que yo no encuentre una chavala en condiciones con la que restregarle a esos pringaos. Dos jovencitas se han colocado en la orilla para darle a las palas. — ¿A cómo el kilo de grasa? Jajajajaja —les grita. Las chicas abandonan el juego abochornadas...
Suena el móvil:
—¿Qué pasa, tío?... Bien, bien… Aquí, en la playita… Sí, sí, ya pillé la bebida… ¿Cómo?... Jajajajaja… Ni lo sueñes... Ve sacándole brillo al trofeo que me lo llevo del tirón…Yo a las ocho y media estoy allí, lo preparamos todo y después a disfrutar el 'desfile'... Venga, nos vemos… —lanza el teléfono con desprecio al fondo de la bolsa. No te jode. Qué se cree éste, que me va a vacilar con eso de que ha encontrado una modelo. Venga ya… Lo supero yo a poco que me emplee a fondo. A ver, hagamos otra batida.
De repente, la descubre a lo lejos; sentada, junto a la barca, con las piernas semienterradas en la arena, como una sirena sin dueño.
¡Madre mía! ¡Un espejismo! ¡Un regalo del Cielo! ¿De dónde ha salido ese bombón? ¡Vaya chavala! Tragó saliva, y la nuez, atrapada en la garganta, tintineó como un cubito de hielo en el vaso. Tranquilo, deja que te vea. Se acerca con disimulo. Una sacudida de pelo y marcando pectorales. Nada. La chica, enfrascada en la lectura, ni se inmuta. Venga, tronco, al ataque. ‘Sobre las piernas tenía el libro abierto…’ ¿Cómo era ese poema? Víctor dice que a las tías les mola Bécquer. ¡Grrrrrrr! Demasiado cursi, además no me acuerdo cómo sigue. Preguntar la hora nunca falla, y siempre se puede añadir eso de: ¡Vaya! ¿A ti también te gusta leer? Con lo que uno deja entrever que hay gustos afines; pero que lo pille ella.
—Hola, ¿tienes hora?
La chica levanta los ojos, alarga el brazo y le muestra el reloj.
Joder, fastidiaría que fuera muda ¿no?
—¿Estás sola?
Ella asiente con un gesto de contrariedad.
Lo sabía, muda; si es que hoy tengo la negra. ¡Y anda que no está buena!
—¿Me puedo sentar?
Ella sonríe.
—¿Eres de por aquí?
—No, soy de un poquito más allá; cruzando la carretera.
Uf, ¡habla!, qué descanso (luego, suelta una carcajada).
—Jajajajaj. De por allá, ¿eh? Perdona, no lo había pillado —joder con los nervios.
¡Madre mía! A ver cómo me la camelo, porque está de premio.
—¿Qué estás leyendo?
—Cien años de soledad.
—Ah, sí, del tipo ese que se está forrando ¿no?
—Jajajajjaja. Eres divertido.
Venga macho, que te vea como un guerrero dispuesto a poner el mundo a sus pies.
—¿Te gustan las caracolas?
Ella cierra el libro y lo mira.
—Mucho.
—¿Quieres una?
—Vale.
De un salto, se pone en pie y corre a la orilla como un pirata en busca del tesoro. Sortea las primeras olas y de cabeza se pierde bajo el agua. Ni caso al piñazo que se acaba de dar con una piedra en el dedo meñique del pie derecho.
Sentada junto a la barca, ella espera a que regrese el ‘Príncipe de las mareas’.
Sería un puntazo encontrar un caballito de mar para ella; fliparía del tirón. Y sigue buceando, ahora un poco más lejos de la costa. ¡Qué chorra! Esta mola: blanca, con pinchos naranja, y no veas qué grande.
Le enseña la caracola a lo lejos.
—Mira, estaba allí, pegada al fondo.
—Muchas gracias. A cualquiera de esas chicas le hubiera gustado una caracola así. Ya te he visto en acción. Me siento... 'afortunada´.
—Jo, pues ninguna te llega a la punta del pie; vamos, como el jamón y las pipas.
—Jajajaja —la chica retoma su lectura.
— ¿Quieres una Coca-cola? —pregunta entusiasmado. Y sin esperar respuesta se precipita hasta su toalla—. Espera, voy por mis cosas y me siento contigo.
¡Dios existe! ¡Dios existe! ¡Dios existe! Va mascullando mientras camina.
—Bueno, ni siquiera me he presentado. Me llamo Mario —y extiende la mano libre de refresco.
—Ah, encantada. Yo soy Sandra.
—Conozco una Sandra, está en mi clase, pero es gorda, bajita y con gafas; vamos, un saldo (vaya, otra vez los nervios) ¿Vienes mucho por aquí? No te he visto nunca.
—Bueno, salgo poco. Casi siempre estoy en casa, leyendo, escuchando música… También toco el violín.
—¿Ah, si? (qué pijotada) —pues, tendrías que tomar más el aire, no sea que te apolilles, jajajaj. Oye, que ha sido una broma, ¿eh?
Ella baja la cabeza.
—Por cierto, ¿te gustaría venir a una fiesta? Mi amigo Víctor da una esta noche en su casa.
—Lo siento, pero no puedo ir.
—Vaya, pues exceptuándote a ti, todas las princesas que conozco están en los cuentos.
—Gracias...
—Bueno, si tienes otro compromiso, ya lo entiendo (soga larga).
—No, no es eso…
Así me gusta, el campo despejadito.
—Pues podríamos pasarlo bien. El Rubio sabe contar chistes, y Víctor tiene un pedazo de jardín..., con tumbonas y todo. Además, las chicas que vienen son simpáticas.
—No, no. No me parece buena idea.
—Oye, que como a San Pedro no le guste el violín, a ver qué le cuentas cuando llegues...
—Jajajaj. Es verdad. El caso es que me gustaría conocer gente…
—Pues, venga, anímate.
—De acuerdo, iré a esa fiesta.
—Qué bien, ya verás cómo te alegras. Mira, te anoto la dirección, es que tengo que irme a estudiar (me largo antes de que se pueda arrepentir). La fiesta es a las nueve. Yo ya estaré por allí. Oye, seguro que vienes, ¿no?
—Sí, sí, claro.
—¿No te arrepentirás cuando me vaya?
—No, no. Ya te he dicho que voy.
—¿Me das tu palabra?
—Claro que sí, te doy mi palabra. Estaré allí a las nueve en punto.
—Venga, Sandra, pues nos vemos luego.
Se despide, eufórico.
¡Joder! ¡Joder! ¡Joder! Qué pasada. Me muero por ver la cara que se les queda a esos cuando la vean llegar. Lo sabía, si es que yo para esto me las pinto solo. Tengo que llamar a Víctor, no se lo va a creer.
A lo lejos, divertido y saltarín, el chico saca su móvil y hace una llamada:
—… Como te lo digo, tío. Con todo a flote y en su sitio; de toma pan y moja, vaya. Ya la verás. A ver quién presume ahora ¿eh? Y dile al Rubio que se vaya bajando del podio, con la brasileña esa que parece de plástico. ¡Vais a alucinar!, ¡a alucinar! –comenta el chico mientras se pierde entre la gente, envuelto en el eco de una triunfante carcajada.
La chica se coloca su camiseta de lino azul, su bolsa cruzada sobre el pecho y una gorra que le confiere un aire de personaje de Dickens. Y se aleja pausadamente; con su única pierna custodiada por dos muletas, como un caballito de mar en el desierto.

Comentarios

Mercedes ha dicho que…
Hola, Teresa. Muchas gracias por esa presentación de lujo que me ha hecho. No esperaba menos de ti, jajajja broma.
Oye, que me hace mucha ilusión verme ahí. Una cosa, parece que algo no anda bien en el relato. Salen unos caracteres raros entre líneas; tambien en el título. Puede que haya sido yo al pasarte el relato. No sé.
Bueno, que millones de besos y de gracias. Eres un solete galleguiña.
Ardilla Roja ha dicho que…
Se le va a quedar cara de haba cuando llegue a la fiesta. Menudo fantasma!! jajaja

A medida que iba leyendo me la he imaginado en silla de ruedas, pero no podía ser. Porque el tio es tonto, pero no ciego y la hubiese visto.

Muy bueno. De lectura fácil y muy divertido.
Ave Mundi Luminar ha dicho que…
Grandísima Mercedes!.
Anónimo ha dicho que…
Encontró lo que estaba buscando, pero de carne y hueso, y HUMANA, muy humana. Lástima que el tal Mario no sabrá disfrutar de su compañía. Y perderá su apuesta.

Me ha gustado el relato, muy bien contado por Mercedes, la de las buenas ideas, ;-). Además, soy defensor del "punto y coma", signo ortográfico que apenas se emplea, de tal manera que las frases quedan sin él muy desangeladas y mal engarzadas. Ella lo emplea al principio.
Paco ha dicho que…
Esa es Mercedes,
La viajera incansable, escritora y aventurera...

Ese relato además todo un "lujazo".

Un abrazo
Teresa Cameselle ha dicho que…
Merce, yo no los veo, será cosa del ordenador?
Me alegro de que te haya gustado la presentación.

A todos los demás, sabía que os gustaría, pero es que jugaba sobre seguro.

Besos.
El Romancero de Joana ha dicho que…
Yo también veo signos raros, como si se hubiera colado un trozo de lenguaje de programación o algo así. La historia me ha gustado mucho. Igual voy contra corriente pero yo, entre líneas, al fantasmilla de Mario le veo mucha inseguridad en sí mismo, de hay su actitud. Y sí, en la fiesta tal vez se lleve una sorpresa al principio, pero quién sabe, puede que Sandra le ayude a entender que la perfección no lo es todo...:-D
Teresa Cameselle ha dicho que…
Hola, Joana, guapa, me alegro de tu visita.

Me da mucha rabia que veáis fallos en el relato, porque yo no los veo. He probado con el Mac y con el PC, y nada, lo he editado, pero tampoco, así que lo que no veo no lo puedo corregir. Lo siento, Merce. Pero bueno, lo que importa es que el texto se lea bien y parece que sí.

Besos.
XoseAntón ha dicho que…
¡Ay!, Mercedes, ¿por qué tan pronto?; a esas edades. Pobre chica.

Jovial e ilusionante relato, con un sabor agridulce al final, pero muy buen relato.


Bikiños
Carmen Andújar ha dicho que…
Me gustó mucho este relato cuando lo leí, tiene un final de lo más inesperado y atractivo.
Un beso
Mercedes ha dicho que…
Muchas gracias por vuestros comentarios. No te preocupes Teresa, esos signos que aparecen salpicados por el texto le dan su "ambientillo", jajjaja
Jesús ha dicho que…
Yo me preguntaba que podría hacer una chica como Sandra con un ciego como Mario. Y como lo haces tan bien, pues cada uno de tus lectores, continúa el cuento como le viene en gana y ya me veo al Mario, llorando a solas por ser tan tonto.
Tus personajes son tan creíbles como los sentimientos que deslizas en ellos.
Natàlia Senmartí Tarragó ha dicho que…
!Mercedes, salve!
No te conocía y ahora que te leo, me dejas pasmá, maravillada.
Maravilla de relato, buenos diálogos (esos símbolos que también me salen, los tomé por lenguaje críptico, ja, ja, ja)
Al cretino chulo playas le sentará de primera la lección, que las chicas no son ganao aunque muchos así lo vean. ¿qué se cree? ¿¿un adonis???!vamos, anda!
La muchacha sigue tan hermosa, delicada, frágil; caballito de mar o sirena con la cola rota. La belleza total no existe, sería imposible o relativa. Peor pal chulo si luego no sabe admirar la de la niña, una joia.

Sublime Mercedes, te sigo...a más ver. Natàlia la que es mudita hasta hoy (no como la chica de tu relato, que solo lo parece)
Los silencios hablan.
Grácias Teresiña por este regalo, biko.
Mercedes ha dicho que…
Hola, Natalia:

Me acaba de pasar Teresa el comentario que hiciste a mi relato. No veas lo gorda que me he puesto, jajjaja. Muchas gracias por tus palabras. Ya sabes que son un aliciente para los que escribimos. Este relato ha viajado a muchos concursos y no ha tenido ningún reconocimiento (literario, me refiero), porque el mejor premio ya lo tengo con personas a las que les ha gustado, como a ti.

La verdad es que, la vida pone cada cosa en su lugar y este "chuloplaya", un pobre infeliz que todavía no ha descubierto la esencia de las cosas, necesitaba encontrar la orma de su zapato. Me han preguntado alguna vez ¿qué ocurrió después? Y yo, lo dejo a elección del lector, pero si tuviera que ponerle un final, diría que, al contrario de lo que el chico piensa, sus amigos creen de verdad que él la ve como una diosa y empiezan a valor al chico por su elección: un tía inteligente, femenina, dulce...Lo que a ellos les sorprende es que su amigo les haya dado una lección. En realidad, el chico no entiende nada y piensa que le están tomando el pelo. Ya ves, como en la vida, no todo es como uno imagina.

Muchas gracias, de verdad, por tus palabras. Eres un cielo. Escribe cuando quieras y seguimos en contacto.

besos de sirena con la cola rota, jajjaj Me ha gustado, ¿quién quiere ser perfecta?
Merce.

Gracias Teresa, por pasarme los mensaje a mi relato. Qué buena gente eres y qué ganas tengo de volver a verte. Un beso de amiga. Eres un sol.
PD: Ya le he pasado mi comentario a su correo, pero quería dejarlo también aquí.
Mercedes ha dicho que…
Perdona, te puse "horma" sin "h", será por aquello de la belleza de la imperfección. Lo siento.

Un abrazo corregido.
Merce.

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