Viviendo en el siglo XIX


Desde que acabé de escribir "La hija del cónsul" en 2007, he intentado continuar la historia de la otra hija, Mercedes, en donde acaba la de María Elena, algo que muchos habéis tenido la amabilidad de pedirme y que espero terminar, por fin, a lo largo de este año. Por el camino no he estado ni mucho menos parada, se me han cruzado muchas y variadas historias: las tres que componen "No todo fue mentira" (de la que espero muy pronto anunciar muy buenas noticias), mi novela juvenil (de la que poco hablo por un empeño supersticioso), la multitud de relatos que cuelgo en este blog, y un par más largos, románticos y decimonónicos, de los que ahora os quería hablar.
El año pasado me encargaron un relato para un libro que finalmente ha sido retrasado. Concretamente me pidieron un relato "de mi estilo", es decir, romántico y de época. Como el plazo para escribirlo no era mucho y mi tiempo es tan limitado, y puesto que la documentación para el libro de Mercedes crece y crece y desborda cajas y estanterías, no dudé en aprovechar un discreto persona secundario de aquella historia, una amiga de Mercedes, Inés Vidal, y convertirla en la heroína de este relato. Transcurre en el año 1883, mientras que lo que contaré sobre Mercedes es en 1881, es decir, si esto fuera una serie de televisión, "El maestro de piano", la historia de Inés Vidal y su don Juan, es un spin-off de la de Mercedes.
Recientemente me encontré con las bases de un certamen interesante, y de nuevo el tiempo apremia, así que me adelanto otro año, a 1884, y escribo una nueva historia ambientada de nuevo en la España de fin del siglo XIX, época que ya empiezo a conocer más que la actual y en la que vivo permanentemente.
Por si fuera poco, Antena 3 estrena dos series de época : "Bandolera" y "El secreto de Puente Viejo" (esta es la de la foto de la cabecera). Esta segunda, en especial, me encanta. Tiene unos protagonistas tan guapos que ya los querría para mis novelas (de la generación tan guapa de jóvenes actores españoles ya hablaré otro día). Cuidado vestuario y ambientación, y, sobre todo, cuidado guión y diálogos, nada que ver con "Aguila roja" de la 1, en la que sólo falta que se saluden diciendo : ¿Qué pasa, tío?
Y así me paso el día, entre mis relatos, la tele, y libros que leo, rodeada de corsés y miriñaques, de camas con baldaquino, jofainas y sábanas de hilo blanco con puntillas. De esposos que se hablaban de usted y de don y doña, de sinvergüenzas y calaveras, de jovencitas inocentes, y de mujeres maduras y resabiadas.
Y si en algún momento se me ocurre cambiar de canal, encontrarme con una niña con piercing en la nariz, greñas de colores y sudadera de capucha, me provoca un sobresalto tal, que empiezo a pensar que lo mío es grave.
Con lo bonito que es el XIX ...


Comentarios

San ha dicho que…
Teresa jejeje si que es grave, porque lo normal es oir ese "que pasa tio" y ver greñas de colores y no ya esos corsés de época. ¿Revivirá el romanticismo?.
Un beso.
moderato_Dos_josef ha dicho que…
Me gusta el siglo XIX sobre todo porque no llevabas lleves del coche ni carné de identidad.
besos.

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