LA METÁFORA DEL ÁRBOL DE NAVIDAD

En mi casa tenemos un árbol de Navidad muy parecido a éste. Mide dos metros de alto y es rosa pastel. Somos así de originales, o de chalados, porque la verdad es que la sala de nuestra nueva casa es bastante más pequeña que la de la vieja, y apenas nos cabía este año el dichoso arbolito. Pero cualquiera le dice a la niña que hay que cambiar de árbol, que es suyo, lo escogió ella, y no hay otro mejor ni más bonito.
Bueno, total, que este es el árbol que me ha inspirado la metáfora sobre la creación de una novela.
Como veis, en la parte de abajo tiene un pie sobre el que se sustenta el tronco central. Bien, digamos que el pie es la idea para la historia que vas a escribir. Esa idea que te asalta, sin piedad, en el autobús, o cuando te estás quedando dormido, o cuando estás preparando unas lentejas.
Pues ya está, así comienza todo, con una idea, que puede ser: una escena concreta, un personaje, una situación, una canción, una imagen...
Esa idea te ronda, durante días, o semanas, o años, hasta que un día no puedes soportar más y te sientas a escribir lo que te inspira.
A partir de ahí empiezas a construir la historia, y eso sería el tronco del árbol, una pieza central, a modo de poste, que se coloca sobre el pie. Ahí tendríamos el argumento central, los personajes principales, la presentación-nudo-desenlace, de la novela más clásica. Mi método, para esta parte, es llevar una libreta de notas siempre encima, e ir anotando todo lo que se me ocurre, desordenadamente, hasta que compruebo que sí, que tengo todos los datos necesarios, y que me está pidiendo una novela. 
El tronco consta también de la documentación imprescindible para empezar a escribir, que será mayor o menor, cuanto más complicada sea la novela, o cuanto más me haya complicado a la hora de situarla. Si es en una ciudad o en una época desconocida, entonces el tronco será muy grueso y me llevará muchísimo tiempo armarlo.
Entonces comenzamos a colgar las ramas del árbol. Porque mi árbol rosa se construye así, rama a rama, como una novela, capítulo a capítulo. 
Yo escribo muy rápido. Físicamente, me refiero, porque al teclado del ordenador tengo una media de unas quinientas pulsaciones por minuto. Mentalmente también. Cuando tengo clara en la cabeza la escena que voy a escribir, y además tengo los datos imprescindibles, puedo escribir a toda velocidad.
Pero hay momentos que me paro en seco, porque me falta un dato, que puede ser algo tan absurdo como que le he puesto una pistola en la mano a mi protagonista, y necesito saber qué pistola es, cuántos cañones tiene, si las cachas son de nácar o de madera... Y entonces la rama de mi árbol se puede quedar en suspensión un buen rato.
Bueno, si hay suerte, tenemos el árbol montado, como es es el caso de una de las dos novelas con las que estoy trabajando, "NSLBD". Es un árbol bastante bonito y aparentón, pero solo tiene 160 folios, con lo que es poco probable que ninguna editorial lo acepte para su publicación.
¿Qué hacer entonces?
Empezar con los adornos.
Los adornos, en una novela, pueden ser descripciones, escenas menores, diálogos más lentos... Son adornos, sí, pero cuidado, que el lector no se dé cuenta de ello. O que, en todo caso, si nota que eso está ahí de adorno, que piense que bueno, que vale la pena el tiempo que invierte en leerlo, porque le sirve para situarse mejor en la escena (descripciones), o para conocer mejor al personaje (diálogos, pensamientos).
Y ya está, tenemos un precioso árbol-novela.
Parece fácil, ¿verdad?
PUES NO LO ES.
Y ya me ha quedado otra vez un post larguísimo, así que ya seguiré contando esta historia en otro momento.


Comentarios

Natàlia Tàrraco ha dicho que…
Ayyy arbolito por armar, por montar rama a rama, te comprendo y eso de !quieta! a documentarse, punto a parte.
Bicoooos.
Neogéminis ha dicho que…
Para quienes nunca nos hemos animado siquiera a bocetar una novela, todos los datos que nos das son muy ilustrativos.
Suerte con el armado de "tu arbolito"
Un abrazo

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