Este Jueves un relato: JUEVES DE MUSICA




MUSICA DE ASCENSOR
©Teresa Cameselle
Odio el turno de noche. Odio el turno de noche. Odio el turno de noche.
Siempre la misma cantinela. Los pies destrozados, la cabeza embotada tras cuatro jornadas nocturnas consecutivas, los sentidos en alerta mientras cruzas la ciudad que apenas empieza a desperezarse. Aún ni ha salido el sol. Y dentro de una hora, cuando por fin empiece a conciliar el sueño, el simpático nuevo vecino de abajo se pondrá a cantar en la ducha, y no, no tararea o trata de frasear alguna musiquilla de moda que me ayude a conciliar el sueño. No. El señor buen gusto, con su voz de barítono, canta clásicos de los crooners americanos, lo mismo le vale Frank Sinatra que Dean Martin. Al menos tengo que reconocer lo bien que lo hace.
Odio el turno de noche. Los pasos furtivos en la acera. El vagabundo cubierto con cartones. El traqueteo del camión de la basura. Los pasos furtivos… ¿Aún están ahí? ¿Me están siguiendo?
Apuro el paso, me asusto, sí, a esto no se acostumbra una. Giro a la derecha, ya veo mi portal, la farola ha vuelto a estropearse, si llego a casa ilesa lo primero que haré será llamar al Ayuntamiento, me da igual la hora que sea, como si tengo que despertar al concejal de farolas-y-bombillas, pero esta me la arreglan hoy sin falta. Unos metros tan sólo. Los pasos son largos. Un hombre. Pausados. No me sigue. No. Sí. Se acerca.
Hundo la mano en el bolso, inmenso, para qué compraré bolsos tan grandes, y me araño los dedos contra el fondo tratando de atrapar las llaves, escurridizas, que se niegan a salir a la superficie. Los pasos se han detenido, justo detrás de mí. Me muerdo los labios para no gritar, para no demostrar lo asustada que estoy. Tranquila. Serena. No pasa nada.
Y entonces el desconocido extiendo su brazo, casi roza el mío, y en su mano tintinea un manojo de llaves. Abre el portal, invitándome a entrar mientras susurra un “buenos días”.
Le doy las gracias mientras él hace algún comentario tópico sobre el tiempo, lo odioso que es trabajar de turno de noche (sí, sí, con esas palabras), y lo curioso de que nos vayamos a conocer a horas tan intempestivas.
Cuando entramos en el ascensor, mi mente anquilosada empieza a sumar dos y dos, y comprendo que es un nuevo vecino. De qué piso. Quién lo sabe en un edificio tan grande, con todas las viviendas en alquiler.
Regresa el cansancio, como una losa. Odio el turno de noche. Me apoyo contra la pared plastificada, los ojos entrecerrados, huraña, demostrando mi absoluto desinterés en su persona y circunstancias.
Subimos un piso, dos, cinco. El ascensor de un edificio de viviendas no tiene música, como los de los grandes almacenes. El silencio nos envuelve, nos oprime, incomoda. Quiero llegar ya a mi casa. Mi refugio. Mi cama. Odio el turno de noche.
Y entonces él empieza a cantar, bajito, “And now, the end is near, and so I face the final curtain…”.
Antes de que llegue al estribillo descubre que le estoy mirando embobada y deja de cantar. Sus ojos son tan azules como los de Frank Sinatra, y su sonrisa es bastante más bonita. Y pienso en lo dulce que es dormir con su voz atravesando paredes para acunarme. Sólo cuando comprendo que lo he dicho en voz alta, entiendo por qué su sonrisa se ensancha más y más.

(Lo siento, hoy me he pasado en la extensión, pero la falta de tiempo me ha impedido pulir y acortar, y no quería dejar pasar la oportunidad de participar en los jueves, ahora que hemos vuelto de las vacaciones.)

Comentarios

Ardilla Roja ha dicho que…
Ay! qué bonito. Cuanto me gustan las historias que terminan bien, o casi. Igual ahora a tu protagonista empieza a gustarle el turno de noche ;)

Lo he disfrutado.

Un beso
Natàlia Senmartí Tarragó ha dicho que…
Tranquiii Teresiña, no te pasas ni una letra, porque cuando está bien escrito no viene de un reglón para nada.
En los ascensores después del turno de noche y con un desconocido, CLAMA EL SILENCIO, PERO...los turnos de noche ofrecen sorpresas, justo, a la amanecida.
!Salve! panaderos, enfermeras, bomberos, policias, basureros, brigadas de regantes de médicos de mantenimientos, juzgados de guardia, salve cantantes somnolientos.
Bico aún sin volver del todo, recuerdos muchooos.
Maat ha dicho que…
Hola, Tere.

Te he leído de tirón y deseando ver cómo acababa la historia. Hay que ver la marcha que has conseguido dar a mi imaginación. En algún momento, me temía lo peor.

Un buen final. Aunque a tu protagonista-creo-le van a quitar muchas horas de sueño...

Un placer leerte.

Maat
Tésalo ha dicho que…
Demasiada esa rutina... tan solo pudiera ser una canciòn y no cualquiera...
Verónica Marsá ha dicho que…
UF! Compañera de relatos ¡Qué susto! Cuando se pone a cantar que el final está cerca, creí que iba a asesinarla!!!

Un besito!
Me chifla lo romanticón, hasta yo he puesto cara de tonta embobada sonriente...
Inma Brujis ha dicho que…
¡¡¡Bendito turno de noche!!! seguro que a partir de entonces le encanta jeje.
Besitos
yonky ha dicho que…
Sonambula mujer que deambula por la ciudad palpando sus latidos,sin ser consciente de de si es un sueño o la mismisima realidad,lo pense?,lo dije?
Asi y todo hay una musica de fondo que no es necesario explicar,para que? El sentido auditivo agradecido,y el alma?.

cariñitos,ramo de dalias
mar ha dicho que…
Que suerte tiene tu protagonista, ascensor en su edificio con la mejor canción que se puede desear y que encima acuna sus sueños mañaneros, creo que buscaré un trabajo de noche a ver si tengo la misma suerte.
Precioso relato
Un beso de Mar
Carmen Andújar ha dicho que…
Teresa, que precioso relato, la musica y el amor, una gran mezcla. Ese vecino tan guapo con esa voz tan melodiosa, demasiado. Lo del turno de noche si que es un poco fastidioso; pero si a la vuelta te espera algo así, las cosas se ven mejor.
Un abrazo
gustavo ha dicho que…
ni se te ocura pedirme una nana
ni se te ocurra peirme una cancion de amoe...
¡no me pidas canciones cantadas por mi, teresaa!
no solo te fastidiare los oidos, ademas la lluvia acudira a tus cercanias....incluso aunque estuvierasmos en el ascensorrrr
jajaja
medio beso.

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